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mércores, 14 de agosto de 2019

O sartego de Paio Gómez Chariño

No convento de San Francisco, que segundo din as lendas foi fundado polo mesmo Santo de Asís cando peregrinou cara Compostela no século XIII, atopamos un dos segredos mellor gardados da cidade de Pontevedra: o sartego de Paio Gómez Chariño. Neste maxestoso sarcófago de granito repousan as cinzas deste destacado nobre galego, que foi heroe nas augas do Guadalquivir. 


O convento de San Francisco de Pontevedra.

Paio Gómez Chariño naceu nalgún lugar indeterminado do suroeste de Galicia, probablemente na mesma cidade de Pontevedra. Emparentado coa poderosa liñaxe dos Soutomaior, foi unha figura decisiva na política da Coroa de Castela do século XIII. En 1248 loitou coa frota cristiá de Rodrigo Bonifaz, ás ordes do rei Fernando III, na Reconquista de Sevilla. Na batalla participaron moitas outras naves galegas, sobre todo de Noia e Pontevedra, os dous principais portos de Galicia naquel  tempo. Din as crónicas que o seu barco foi o primeiro en romper a ponte de cadeas de Triana para embestir os navíos musulmáns no Guadalquivir. Polo seu valor e dotes militares na batalla foi nomeado Adiantado Maior do Reino de Galicia, Almirante do mar e señor da vila de Rianxo. 


Vidreiras do convento de San Francisco.

Ademais de militar, Chariño foi  tamén un gran trobador en lingua galega. Consérvanse del 28 poemas nos Cancioneiros Medievais, algunhas das cantigas máis fermosas da lírica galego- portuguesa, como aquela dedicada ao noso Patrón Santiago que di "Ai Santiago, padrón sabido...". Aquí vos deixamos un enlace por se queredes escoitar unha das súas obras interpretadas polo grupo de música antiga Mendiño: https://www.youtube.com/watch?v=gnq2If_TWZY. Destacan as súas barcarolas, pois o mar está sempre presente nas súas composicións. Viviu na Corte de Toledo de don Alfonso X. A pesar dos seus enfrontamentos políticos, o rei sabio apreciábao polas súas dotes poéticas. Morreu en 1295 na localidade salmantina de Ciudad Rodrigo, asasinado por motivos amorosos ou políticos. Acoitelouno no corazón o cabaleiro Rui Pérez Tenorio.


Sartego de Paio Gómez Chariño. 

Despois da súa morte, os seus restos foron trasladados a Galicia para ser enterrados no convento de San Francisco. Alí, no corazón da cidade do Lérez, as súas cinzas durmen bañadas pola luz que filtran as vidreiras, a carón da súa muller María Ximénez de Maldonado, soñando quizais coas ondas do mar e coas damas e doncelas de cristal do tempo das cantigas. O seu sepulcro móstranos o gran almirante galego portando coas mans as súas armas, cos pés sostidos por dous leóns e cos rízos caéndolle na fronte. Ao pé do sartego, en letras góticas, pódese ler isto: "Aquí xaz o moi nobre cabaleiro Paio Gómez Chariño, Adiantado Maior do Reino de Galicia, primeiro señor de Rianxo, que gañou Sevilla sendo de mouros". 


Brasón de Paio Gómez Chariño. 

luns, 17 de xuño de 2019

La nao Victoria

El pasado mes de septiembre, cuando ya morían los últimos días del verano, amarró sus anclas en el puerto coruñés una réplica de la Nao Victoria, la célebre nave con la que Magallanes y Juan Sebastián Elcano dieron la primera vuelta al mundo. Así que nos dirigimos a la marina de la ciudad coruñesa. Bajamos desde las calles de la Ciudad Vieja. Los rayos de luz matinal se posaban en el blasón de la Casa Cornide, antaño residencia del ilustrado coruñés José Cornide.


La Casa de Cornide, cuna del gran ilustrado gallego José Cornide Saavedra.

Luego descendemos por la Calle Damas, escuchando la canción argentina que sale de los caños de la Fuente del Deseo, en la Plaza de Azcárraga. Nuestros zapatos arrancan un eco de siglos al pisar las calles empedradas de la Ciudad Vieja. Dejamos atrás la Iglesia de Santiago, cuyas campanadas se mezclan con el canto de las gaviotas. Divisamos ya las blancas galerías, iluminadas por el candente sol del mediodía, como mejillas de muchachas que se sonrojaran al vernos. Al fondo, cabeceando sobre las olas, mecidos por la brisa de la tarde, cabecean los mástiles y las banderas de la réplica de la Nao Victoria.


Vista de las emblemáticas galerías de la Ciudad de Cristal.

Subimos a bordo para rememorar el célebre viaje de Magallanes, la primera circunnavegación del orbe en la Historia de la Humanidad. La nao Victoria fue construida en los astilleros de Zarautz, en el País Vasco. Formaba parte de la conocida como "Armada de las especies", una flota a la que el emperador Carlos V había asignado la misión de navegar hacia las llamadas "islas de las especies". Zarpó de Sevilla el 10 de agosto de 1519, con el almirante portugués Fernando de Magallanes al mando. Tras superar mil vicisitudes, la flota capitaneada por la nao Victoria pasa por la Patagonia,  cruza el Cabo de Hornos, sale al Océano Pacífico y llega a las Islas Marianas. Arriban también al archipiélago de las Islas Filipinas, donde muere Fernando de Magallanes. El marino vasco Juan Sebastián Elcano es elegido nuevo capitán de la Victoria. Sería pues a las órdenes de Elcano, cuando el 6 de septiembre de 1522, después de tres años de larga travesía, la nao Victoria recalaba en el puerto de Sanlúcar de Barrameda. Así terminaba la primera vuelta mundo en barco de la historia.


El Castillo de San Antón, testigo de tantas batallas en el pasado.

Cuando la sangre del crepúsculo se derrama sobre las almenas del Castillo de San Antón, desembarcamos del insigne navío. Atrás quedan las banderas y los mástiles de la Nao Victoria. Al amanecer, la Nao Victoria dejó las costas gallegas. Su mascarón de proa, con sirenas de bellas sonrisas y senos desnudos esculpidas, tenía que seguir humillando las olas de los mares. Esperemos que algún día vuelva a hacernos una visita.


Réplica de la Nao Victoria, que se pudo visitar en el puerto coruñés el pasado mes de septiembre.

domingo, 26 de maio de 2019

"Bayona La Real"

Bañada por las olas del Atlántico, que dicen sus eternos suspiros y lamentos de salitre, la Real Villa de Baiona, coronada por las almenas y torreones de la Fortaleza de Monterreal, nos recibe con la sonrisa de las Islas Cíes, posadas en el lecho trémulo del mar, que coronan como tres esmeraldas la frente de la reina de las rías de Galicia.


Un sencillo crucero de piedra nos recibe con los brazos abiertos.

Nada más llegar, nos dirigimos a la Fortaleza de Monterreal, testigo de tantos asedios y batallas. Pasamos debajo de sus arcos de piedra que lucen esculpidas en sus escudos las armas de la melancólica dinastía de Habsburgo. Este puerto de Baiona fue decisivo para defender los dominios de los poderosos reyes de la casa de los Austrias. Por algo Felipe II, "el Rey Prudente", dijo "Bayona, llave de mis reinos". Porque las murallas de Monterreal tuvieron que repeler innumerables invasiones a lo largo de los siglos, desde las naves romanas de Julio César hasta las huestes del caudillo musulmán Almanzor. En época más reciente, sus cañones también frenaron los ataques de los ingleses y portugueses.


Entramos en Monterreal tras pasar bajo sus arcos de piedra con los blasones de los Austrias.

Recorremos las viejas murallas, acariciadas por la brisa del mar y salpicadas por las olas. Un olor a pólvora, recuerdo de pasados combates y batallas, parece surgir de las piedras militares. Posadas en las almenas, las gaviotas cantan dulces barcarolas aprendidas en la soledad de las islas ignotas. Seguimos nuestro recorrido bajo la sombra de los árboles, entre viejos cañones oxidados y torreones defensivos. A lo lejos, la presencia de las Islas Cíes, envueltas en un cendal de brumas, reconforta nuestro corazón.


Unos de los muchos cañones que defendían antaño la Fortaleza de Monterreal.

Después de recorrer las murallas de la fortaleza, nos acercamos al puerto. En él, mecidos por las olas, cabecean los mástiles de la réplica de la carabela "La Pinta", una de las tres naves que descubrió las Indias en 1492. Este barco, capitaneado por Martín Alonso Pinzón, llegó a Baiona en 1493, que se convertía así en el primer lugar del viejo continente que supo del Descubrimiento del Nuevo Mundo. Todos los años se conmemora este histórico suceso con la popular "Festa da Arribada de Baiona".


Réplica de la carabela de Martín Alonso Pinzón "La Pinta".

Por último, después de visitar el interior de la carabela, nos adentramos en el casco viejo de la villa, un laberinto de rúas estrechas y casas blasonadas. En las posadas y restaurantes, repletos de turistas, se degustan los manjares de la ría. Rumor de conversaciones alegres y carcajadas festivas llena las calles de piedra. Nosotros nos vamos. Las nubes, teñidas ya por la sangre del crepúsculo, navegan como blancas carabelas rumbo de bahías ignotas y ciudades sumergidas. Atrás queda, presidida por las almenas y torres de la Fortaleza de Monterreal, la Real Villa de Baiona, la primera población de Europa que supo la buena noticia del Descubrimiento de América.


"Encontro entre dous mundos", monumento al Descubrimiento de América en Baiona.

xoves, 9 de maio de 2019

Los galeones de Rande

Hace ya más de tres siglos que los legendarios galeones de Rande, hundidos en la Batalla naval de 1702, yacen en las profundidades de la Ría de Vigo. Todos los vestigios de la llamada "Flota de la Plata" (mástiles rotos, cañones oxidados, cofres herrumbrosos repletos de monedas...) duermen ya por los siglos de los siglos en el mar de Galicia, eterno sepulcro de salitre, amortajados por las algas y las arenas de la bahía de San Simón.


Vista del Puente de Rande, escenario de la Batalla naval de 1702.

Nacía el siglo XVIII y las potencias europeas se batían por los derechos al trono de España. Alemania, Holanda, Austria y Portugal apoyaron la causa del archiduque don Carlos de Austria mientras que España, con el único apoyo de la Francia de Luis XIV, tomó partido por Felipe de Anjou, futuro Felipe V. Es en este contexto de la Guerra de Sucesión Española cuando los galeones de la "Flota de la Plata", escoltados por una escuadra de navíos franceses, llegaron a las tranquilas aguas de Rande. En sus bodegas transportaban el mayor cargamento jamás traído del Nuevo Mundo desde la llegada del almirante Colón en 1492. Los galeones habían partido del puerto mejicano de Veracruz, haciendo escala en La Habana, y se dirigían a Cádiz o Sevilla, los dos únicos puertos autorizados por la corona para comerciar con las Indias, pero debido a los reiterados ataques de  los barcos ingleses a las costas andaluzas, la flota capitaneada por el almirante Manuel Velasco y Tejada decidió remontar las Islas Cíes y refugiarse en la Ría de Vigo. 


Mapa de Europa que muestra los monarcas implicados en la Guerra de Sucesión Española.

Las riquezas de la flota fueron descargadas y transportadas en carretas hacia Lugo, de ahí a la ciudad castellana de Segovia y finalmente a Sevilla. Hoy sabemos por documentos históricos que buena parte de los tesoros traídos por la Flota de la Plata consiguieron llegar a la capital hispalense para sufragar las campañas bélicas españolas en la Guerra de Sucesión. Sin embargo, es posible que no todas las riquezas hubiesen sido desembarcadas cuando el 23 de octubre, un mes después de la llegada de los galeones a Rande, arribaban los navíos anglo-neerlandeses a la bahía de San Simón. La bandera de las Provincias Unidas y la Cruz de San Jorge flameaban bajo las nubes grises, presagio de la tempestad. Entonaron las gargantas metálicas de los cañones el himno bélico de la pólvora, cantaron los aceros de las espadas y las aguas de la ría se tiñeron de sangre. Al ocaso del día, cuando ya brillaban las primeras estrellas sobre la Isla de San Simón, de la Flota de la Plata solo quedaban maderas humeantes, mástiles rotos y banderas en llamas. 


Gravado moderno de la Batalla de Rande.

La derrota de los españoles y sus aliados franceses fue total: sufrieron más de 2000 bajas, además de la pérdida de todas sus naves. Por su parte, los anglo-neerlandeses perdieron menos de mil hombres y consiguieron hundir o capturar todos los barcos hispano-franceses. Uno de estos barcos capturados fue el Santo Cristo de Maracaibo, cuyas bodegas iban cargadas con el botín obtenido por los vencedores camino de Londres. Sin embargo, el navío naufragó antes incluso de salir la ensenada de Rande. Siglos más tarde, innumerables aventureros y cazatesoros venidos de todos los países del mundo se sumergieron con sus escafandras en busca de los legendarios tesoros del Santo Cristo de Maracaibo. El mismísimo Julio Verne ambientó aquí el octavo capítulo de la segunda parte de "Veinte mil leguas de viaje submarino, titulado precisamente "La bahía de Vigo", en el que los tripulantes del Nautilus recogen los cofres hundidos para financiar las travesías del capitán Nemo.


Las primeras escafandras se probaron en la Ría de Vigo para buscar los tesoros sumergidos.

En la actualidad, existe un centro de interpretación de la Batalla de Rande. Es el Museo Meirande, perteneciente al ayuntamiento pontevedrés de Redondela, ubicado muy cerca del Puente de Rande. En él se exponen objetos relacionados con el combate naval de 1702, como maquetas de barcos, uniformes militares o réplicas de cañones. Además, también se pueden ver documentales y paneles en que se explica el contexto histórico en el cual tuvo lugar la batalla. Os recomendamos que lo visitéis algún día. Así podréis conocer mejor la mayor batalla naval de la historia de Galicia. Hace ya más de tres siglos que los galeones de Rande yacen en las profundidades de la Ría de Vigo, pero la leyenda de sus tesoros hundidos sigue todavía muy viva.


Réplicas de cañones expuestas en el Museo Meirande de Redondela.